26.3.11

Democracia joven

Vargas Llosa y la no segmentación de la libertad

CRISTIAN SALVI

El Eco de Tandil, 27 de marzo de 2011

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Semanas atrás hubo una polémica entre algunos intelectuales próximos al kirchnerismo y el Premio Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa. Más allá de haberse opacado por el presunto intento de frustrar el dictado de la conferencia inaugural en la Feria del Libro a cargo del escritor, el intercambio de opiniones fue verdaderamente interesante al cristalizar la corriente (e ilegítima) segmentación de la libertad en la que incurren muchos intelectuales que denostar al liberalismo por su dimensión económica.

Se advierte esto en la primera nota de la polémica, escrita por Horacio González (ensayista y director de la Biblioteca Nacional) en Página/12 el 16 de enero pasado. Se tituló: “Vargas Llosa y el liberalismo”. No obstante dedicarse a comentar el último libro de Vargas Llosa, El sueño del celta (2010), González en paralelo hace una crítica al liberalismo. Comienza reconociendo que es “no es fácil reprobar el liberalismo si lo vemos en el largo ciclo de gestación del mundo moderno”, incluso hoy, “cuando todavía se lo invoca bajo el criterio tradicional de la intangibilidad del individuo frente a la ‘razón de Estado’ o ante los poderes corporativos”. Dice, sin embargo, que el liberalismo dejó de ser una “ética de la responsabilidad política” y se ha convertido en “el último refugio de las más crudas derechas económicas”.

Luego, tras la desafortunada carta de González sugiriendo que no sea Vargas Llosa quien inaugure la Feria del Libro, el Nobel escribió una nota en El País de España que aquí reprodujo La Nación el 13 de marzo. La nota se tituló “Piqueteros intelectuales”. Allí, Vargas Llosa, además de criticar la hipotética censura, revindicó sus ideas liberales. Finalmente, al día siguiente González hizo una contrarréplica en Página/12 donde nuevamente identificó a los liberales con la derecha, entre otras consideraciones muy interesantes a pesar de la virulencia con la que se dirigió a su ocasional oponente.

La identificación que González hace de los liberales con la derecha es frecuente. Más aun, muchos actores políticos de derecha se llaman a sí mismos liberales; lo hacen, sin embargo, apelando a una suerte de eufemismo porque —incluso para ellos— ser de “derecha” es inconfesable. Nadie en Argentina se asume como tal a diferencia de otros países, por ejemplo en España, donde el Partido Popular y sus líderes (Rajoy, Aznar, antes su fundador Fraga Iribarne) nunca han ocultado ser de derecha y hasta lo enfatizan para remarcar su antagonismo frente a la izquierda del PSOE.

La asociación entre los liberales y la derecha, por repetida que sea, es inexacta. Por lo menos si se la afirma como una relación de necesariedad porque claramente hay actores políticos de derecha que no son liberales como actores de izquierda que si lo son.

Valga ante todo señalar que las categorías de izquierda/derecha tienen sólo una función didáctica. A medida de que se indaga en su contenido se advierte que son una simplificación conceptual. La reiteración de su uso es por mera comodidad. Ahora bien, dicho esto, ¿por qué se repite esa asociación? Básicamente por dos razones que en Argentina están bien marcadas. La primera es por la errónea reducción del liberalismo a su dimensión económica. La segunda, por el recuerdo de los (supuestos) liberales de derecha que participaron en gobiernos autocráticos, lo cual supone a su vez otras dos asociaciones erróneas, esto es, que puede existir una dictadura-liberal (lo que en puridad es un oxímoron) y que toda dictadura es de derecha.

En el reduccionismo economicista no solo incurren quienes critican al liberalismo económico como Horacio González. También lo han hecho quienes decían promoverlo. Tal es el caso de los tecnócratas económicos que, con tal de implementar las reformas contra el estatismo, no tuvieron reparos en participar en gobiernos autocráticos. En Argentina pasó esto en la dictadura de Onganía y luego en la iniciada por Videla. También en la de Pinochet en Chile y en el último tramo de la dictadura de Franco en España. El FMI y Estados Unidos participaron de esa distorsión cuando patrocinaron gobiernos militares de la región en los 70’ y 80’ con tal de que hagan los “deberes” pro mercado.

El error conceptual de una y otra postura es fraccionar la libertad que, como tal, es única e indivisible. Los sectores llamados de derecha son más o menos liberales en lo económico pero suelen ser conservadores en las costumbres. La izquierda, por su parte, acepta la libertad costumbrista pero reniega de la económica. Ambos, a su vez, han descalificado al liberalismo político: pensemos en las referidas dictaduras cívico-militares latinoamericanas y, en cuanto a la izquierda, en la de Castro en Cuba y el gobierno de Chávez en Venezuela, que si bien no es una dictadura, lejos está del liberalismo político.

Un autentico liberal no puede escindir esas tres manifestaciones de la libertad. Ésta es, ante todo, una condición moral del sujeto (Kant) que —por añadidura— se exterioriza también en la faz política y lo económica por ser ellas dos dimensiones sociales del hombre. En el liberalismo clásico esto era así. Allí se ubica Vargas Llosa: la libertad es una, no puede segmentarse, como erróneamente se hizo por derecha y por izquierda. Esto es lo que descoloca al llamado progresismo que no dirigiere el liberalismo económico. En Argentina, sin embargo, esa síntesis hoy infrecuente estuvo presente en la obra de Alberdi y por ello nuestra Constitución es un canto a la liberad en todos sus sentidos. En ella confluyen la tutela de la libertad moral (art. 19: “Las acciones privadas de los hombres que de ningún modo ofendan al orden y a la moral pública, ni perjudiquen a un tercero, están sólo reservadas a Dios, y exentas de la autoridad de los magistrados”); física (arts. 14 y 15); política (art. 1°: “La Nación Argentina adopta para su gobierno la forma representativa republicana federal” ); y económica (art. 14: “Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos.... de usar y disponer de su propiedad”).

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