Carrió y Cobos, honestidad y oportunismo CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 21 de febrero de 2010 Elisa Carrió advirtió en duros términos que dejará de ser parte de la concertación que integra junto al radicalismo y el socialismo, si el Acuerdo Cívico y Social decide llevar como candidato presidencial al actual vicepresidente de la Nación Julio Cobos. Una de las lecturas posibles de la advertencia de Carrió es que ella procura evitar enfrentarse con Cobos en elecciones internas del mismo espacio vaticinando una probable derrota que, conforme a la nueva ley electoral, le impediría presentarse en los comicios generales aun por fuera de la concertación. Tachando a Cobos elimina a su máximo oponente interno. De esa forma en el Acuerdo Cívico y Social no quedaría otra figura que pueda disputarle a ella la candidatura máxima para 2011. Entre los radicales hay grandes cuadros legislativos (Sanz, Morales, Aguad, Gil Lavedra, Ricardo Alfonsín, entre otros) pero ninguno tiene experiencia ejecutiva —cierto que Carrió tampoco— ni la proyección nacional que exige una candidatura presidencial. Esa misma falta de conocimiento masivo padece el gobernador santafesino Hermes Binner, quien también integra el Acuerdo Cívico a través del Partido Socialista. Cobos fundamenta esa híbrida posición en su interés de “preservar la institucionalidad” evitando repetir el gran error (o cobardía) de Chacho Álvarez que con su alejamiento agravó la debilidad de De la Rúa a la vez que su vacancia fue ocasión del caos sucesorio ocurrido tras la acefalia presidencial de fines de 2001. Quienes ven en Cobos un especulador, encuentran sin embargo un claro motivo por el cual mantiene ese doble carácter de oficialista y opositor: de renunciar perdería la perfecta ventaja que le da la vicepresidencia para “permanecer” como presidenciable. Esa perfecta ventaja es la siguiente: una alta exposición con considerable capacidad decisoria habida cuenta la minoría oficialista en el Senado que a su vez —y he aquí la singularidad— no le produce costo alguno sencillamente porque su carácter de opositor le exime del desgaste de la gestión. Esa condición le asegura una ventaja no solamente sobre Carrió o los Kirchner sino prácticamente respecto de cualquier otro candidato. Piénsese por ejemplo el enorme desgaste que está sufriendo Mauricio Macri a causa de las adversidades propias del gobernar, obedezcan ellas a errores propios e imputables (por ejemplo las idas y vueltas con la Policía Metropolitana) o a eventos más o menos fortuitos como las inundaciones provocadas por los diluvios de estos días. El fenómeno de Cobos desnuda una ambivalencia social francamente indescifrable pero que de seguro —y mal que nos pese— echa por tierra la tesis del “elector racional” para explicar la dinámica democrática. Para ganarse el favor social el antes ignoto Julio Cobos sólo necesitó del “voto no positivo”. Desde ahí sólo aportó balbuceos sobre tal o cual tema y muy poco más. El solo hecho de ir en la misma dirección que la “opinión pública” (algo que nunca se sabe bien que es) le da viento de cola y con eso parece ser suficiente. Carrió, en cambio, ha actuado de forma “contracíclica”. Cuando la inmensísima mayoría de los argentinos (alrededor del 80 %) veía en los Kirchner poco menos que estadistas, Carrió en soledad advertía sobre la matriz corrupta del kirchenerismo. Se la acusaba de “denunciar”, de “ver fantasmas”, de intransigente, calificación que sufrió incluso cuando decidió no participar del dialogo post-eleccionario convocado por el Gobierno del que luego se comprobó era una mera estrategia dilatoria para recuperarse tras la caída y diseñar los embates del segundo semestre del año pasado (estatización del fútbol, superpoderes, Ley de Medios). Hoy se puede decir que todo lo que dijo Carrió era cierto: los vicios que se señalan del kirchenerismo ya existían en 2003 cuando llegaron a la presidencia e incluso en 1987, cuando Néstor Kirchner asumió su primer cargo público como intendente de Río Gallegos. En cambio, Cobos y tantos otros que abandonaron el oficialismo en su declive dan a entender que recién se anoticiaron de los males del kirchenerismo desde mediados de 2008. Nadie puede creerles.
21.2.10
Democracia joven
7.2.10
Democracia joven
El Estado apropiador debe quebrar CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 7 de febrero de 2010 Sólo en un país marginal puede considerarse de alta gama un coche de poco más de US$ 15.000, tal como hace la nueva disposición de ARBA para discriminar los vehículos que pueden ser secuestrados ante la morosidad en el pago de patentes. A la persona que tiene un auto de ese valor se lo considera poseedor de un lujo a punto que si no paga se lo presume un evasor pudiente al que el Estado justiciero privará de ese lujo burgués en un acto más de la aspiradora fiscal que no da tregua. Es cierto que la evasión es alta y que ello genera más presión entre los que pagan afectando la competitividad. Sin embargo, es una muestra más de la ineficiencia estatal que en vez de procurar perseguir a los peces gordos —no a los que tienen un auto de US$ 15.000— prefiere seguir pescando en una pecera. Además, sabido es que a más impuestos y carga fiscal, mayor será la evasión, pues ésta en algún grado deviene en una suerte de legítima defensa contra la exacción, la única forma de sobrevivir a la voracidad estatal. Solo quedan soluciones de raíz
Democracia joven
Signos de civilización y barbarie CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 24 de enero de 2010 Lo de De la Rúa bien se conoce: renuncia forzosa y luego procesamiento por la represión del 19 y 20 de diciembre de 2001 y por el presunto pago de coimas a senadores para la reforma laboral. Al matrimonio Kirchner no les irá mejor. En 2011 es más que probable que deban dejar el poder sin que nadie del oficialismo retenga la Presidencia y, de ser así, va de suyo serán enjuiciados sin la complacencia mostrada por Oyarbide y el fiscal de la causa que terminó con un sobreseimiento de la imputación por enriquecimiento ilícito. La excelente investigación de Luís Majul en su libro “El Dueño” da cuenta con una precisión inmejorable que el kirchenerismo y todo su entorno es una tremenda horda de corrupción como quizá jamás se haya visto en nuestra historia de por si ya plagada de saqueos al patrimonio público.
10.1.10
Democracia joven
Rebelión contra el paternalismo CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 10 de enero de 2010 Más allá de los aspectos particulares relativos a la habilitación de la megafiesta del Año Nuevo que generó tanto revuelo, parece oportuno tomar el hecho como disparador de la siguiente cuestión: ¿Cuándo podremos liberarnos del control paternalista del Estado?
Desde otro punto de vista, ese reconocimiento moral del sujeto al punto de tolerar su propio daño está presente también en la tradición judeocristiana, más allá de que las instituciones religiosas han sido poco coherentes con ese principio. Según el Génesis, Dios transmitió a la primera pareja humana la noción de lo bueno y lo malo al decirle que podía comer de todas las plantaciones del Edén con excepción del árbol del conocimiento del bien y el mal. Sin embargo, cuando estaban a punto de desobedecer el mandato divino tras la tentación de la serpiente, Dios no intervino en la libertad humana, sino que los dejó decidir en base a su discernimiento aun cuando esa decisión les valió su expulsión del paraíso. “Dios ha querido dejar al hombre en manos de su propio albedrío” —dice Juan Pablo II en su encíclica Veritatis splendor— no obstante de ello pueda resultar su eterna perdición.
Contra todo ello, el actual escenario dominado por el discurso sanitarista -que en Tandil tiene al médico Juan Carlos Giménez como principal referente-, el alarmismo de la “seguridad”, la demagogia y demás, confluyen en la construcción de un Estado que, apelando legitimante de brindar “protección”, cada día avanza más sobre las libertades. Esa protección prohíbe y sentencia: “No dejaré que te dañes”. El mensaje contiene dos ilegitimidades: la primera es la “calificación” del daño ya que es el otro quien clasifica lo dañino (de allí lo de “hetero-nomía”); la segunda, la arrogancia de intervenir, una actitud que, puede decirse, deja entrever la jactancia de hacer incluso más que la divinidad.
Se trata, sin embargo, de un poder esquizofrénico. Mientras la Provincia emprendió la guerra contra el “Speed”, la Corte Suprema declaró la inconstitucionalidad de cualquier persecución punitiva -aun disfrazada de medida curativa- contra el consumidor de estupefacientes. Ese fallo no se reduce a la marihuana sino que alcanza a todo el género de “estupefacientes”, incluyendo cocaína, éxtasis, heroína, etc., todas sustancias objetivamente más perjudiciales para la salud que la bebida energizante tenida como la nueva enemiga pública.
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“Ciudadanos” y “súbditos”
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En una nota anterior en la que abordábamos la misma temática señalábamos los significantes que contenía la “metáfora del pastor” que, según Michel Foucault, es la raíz común de todo Estado controlador. La metáfora supone un pastor titular del saber-poder y una oveja obediente que sigue el sonido del silbato sumida en el rebaño del que no puede apartarse. En la misma línea, el paternalismo, al transportar la relación padre-hijo al esquema Estado-habitantes, supone que estos últimos obedecen sin tener posibilidad de examinar el contenido del mandato porque el primero tiene una “superioridad natural”.
Esto en una democracia no sucede. Por qué no preguntarnos por la legitimidad de las barbaridades contenidas en la Ley Seca de Scioli y también en la ordenanza antitabaco que, por ejemplo, al no dar lugar a que los fumadores puedan fundar un bar para despuntar el vicio con un cartel luminoso que diga sin medias tintas: “Acá se fuma. Si no le gusta, no entre”, da cuenta que su finalidad, más que proteger a terceros, es institucionalizar el discurso sanitarista de sus mentores. Va a llegar el día en que se prohibirá fumar en las plazas con el argumento que se contamina a las plantas.
La Ley Seca de Scioli entiende por “canilla libre” a la entrega ilimitada de bebida ya sea en forma gratuita o mediante el pago de un precio fijo previamente concertado. La mera limitación por ejemplo horaria (expendio libre hasta tal hora) haría que el evento no encuadre en la calificación legal. Con eso basta para incumplirla. Lo mismo en cuanto a lo dispuesto en el artículo 5, que prohíbe suministrar bebidas alcohólicas en recipientes que superen los 350 ml. de capacidad: nomás con el “deme dos” se esquiva la prohibición.
27.12.09
Democracia joven
Por qué Cristina no debe renunciar CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 27 de diciembre de 2009 Entre sus pronósticos para 2010, el semanario británico “The Economist” consideró que la presidenta argentina “está en peligro de perder su empleo antes de que finalice su mandato en 2011” porque “la oposición controla el Congreso y declina la lealtad” hacia ellos. Lo dicho por la prestigiosa publicación inglesa no deja de ser una conjetura entre tantas. El único riesgo ante los pronósticos de ese tenor es la provocación del fenómeno que en sociología se conoce como “profecía autocumplida”, o sea, que el propio vaticinio, originariamente improbable, por su difusión engendre un nuevo comportamiento social que cause el resultado pronosticado, como sucede, por ejemplo, en las corridas bancarias tras un rumor de insolvencia de un banco, arribándose a ese resultado sólo porque, bajo esa creencia, todos sus clientes concurren de forma simultanea e intempestiva a retirar sus depósitos. En Argentina es común que la efectividad de una gestión gubernamental se asocie a la “fortaleza” del presidente, entendiendo por tal un líder con predominio absoluto sobre el resto de los estamentos de poder. De allí que suela considerarse “débil” al presidente limitado por el Congreso y el Poder Judicial e incluso que algunos entiendan que el presidente débil no tiene otro destino que irse antes para que de una nueva elección surja un reemplazante “fuerte” con amplio aval. Esa falsa creencia que puede suscitar la profecía autocumplida al enraizarse en la sociedad, hoy tiene a los Kirchner como sus principales promotores, pero en rigor ha sido una constante histórica de nuestro país que en buena forma explica su corriente discontinuidad institucional. Con la Constitución en 1853, Argentina, que venía de una tradición caudillista desde la época virreinal, adoptó un régimen presidencialista mucho más pronunciado que el modelo norteamericano que sirvió de inspiración. Sin embargo, desde aquel entonces la historia institucional argentina da cuenta que no obstante el hiperpresidencialismo (que algunos teóricos denominan “caudillismo institucionalizado”), la gran mayoría de los presidentes dejaron el cargo antes de tiempo. El primer factor de esta anomalía son los casos de deposición y renuncia forzosa: Yrigoyen en 1930; Castillo en 1943; Perón en 1955; Frondizi en 1962; Illia en 1966; Martínez de Perón en 1976; y De la Rúa en 2001. Los demás casos de no terminación, algunos fueron por muerte o enfermedad (desenlaces de causa natural: Manuel Quintana, Roque Sáenz Peña, Ortiz y Perón), pero otros renunciaron condicionados por hechos críticos (siendo también desenlaces anómalos), cual es el caso de Derqui en 1861; Juárez Celman en 1890; Luís Sáenz Peña en 1893; Cámpora en 1973; Alfonsín en 1989; Rodríguez Saá en 2001; y Duhalde en 2003. Valga aclarar que no están contadas las deposiciones intra-dictatoriales, esto es, las internas de gobiernos militares que generaban “golpes al golpe”, como las sucesiones operadas en la “Revolución del 43”, la “Revolución Argentina” e incluso en el “Proceso de Reorganización Nacional”. Los presidentes que terminaron sus mandatos son una minoría. La paradoja de que en un sistema presidencialista extremo los presidentes no terminen sus mandatos, es sólo aparente porque en rigor ello no es sino un resultado del hiperpresidencialismo y de los efectos sociológicos que éste tiene incluso entre los votantes. De allí la “novedad” que significa que el Poder Ejecutivo no subyugue al Congreso al punto de dar lugar a que el oficialismo insinúe el carácter desestabilizador de la oposición parlamentaria que tomó el control en las comisiones. No está internalizada la idea de que se trata de un poder del Estado, autónomo y de la misma valía que los otros dos. Ante esa creencia errónea con arraigo sociológico, algunos pensadores sugieren la adopción de un régimen más próximo al parlamentarismo, que transporta el centro gravitatorio al Poder Legislativo y resuelve las pérdidas de mayoría con gobiernos mixtos, evitando de esa forma la bifurcación de legitimidad y, claro está, la anomalía de un Congreso en disputa con el Ejecutivo que finalmente echará manos al veto y a los decretos de necesidad y urgencia, potestades que, aun legítimas, son extraordinarias y, por tanto, su abuso conlleva a erosionar la institucionalidad. El riesgo del mito heroico
Democracia joven
Los Kirchner, con el discurso agotado
CRISTIAN SALVI
El Eco de Tandil, 13 de diciembre de 2009

“Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo” (Abraham Lincoln). Finalmente, tras el recambio legislativo, se cristalizó la pérdida de aval social que sufren los Kirchner y sus aliados, quienes a esta altura agotaron prácticamente todos los artilugios con los que han manipulado la realidad desde que llegaron al poder.
Se terminó eso de que todo adversario es un partidario de la última dictadura militar. Perdieron ese rol de “buenos” que obligaba a todo oponente, antes de decir algo sobre ellos, loar el compromiso kirchnerista con los derechos humanos (nunca del todo real), recalcando una y otra vez, en tono defensista, que lo suyo no debía entenderse como una reivindicación procesista o algo por el estilo. Abusaron tanto de la calificación de sus contrarios como cómplices de la dictadura, que el legitimante perdió todo efecto disuasivo. “Las Fuerzas Armadas son la dictadura”. “La UIA es la dictadura”. “La Iglesia es la dictadura”. “El campo es la dictadura”. “Los medios son la dictadura”. “Macri es la dictadura”. “Mirtha, Susana y Tinelli son la dictadura”. Los capítulos de esta semana apuntaron contra Abel Posse (“diplomático de la dictadura”) y Hugo Biolcatti (“un golpista hecho y derecho”). Ese eslogan ya está agotado, no da para más. Sólo falta decir que la epidemia de dengue obedece a la conjura de un grupo de mosquitos ideológicamente afines al proceso..
También perdieron esa áurea que trae aparejado el ropaje “progre”. No hay ladrones de izquierda y ladrones de derecha. Hay ladrones y punto. Resulta insignificante sacarse una foto con Estela de Carlotto o con Pérez Esquivel si luego no pueden explicar los millonarios casos de corrupción que, al fin, también son ultrajes a los derechos humanos: ¿No es acaso burlarse de los pobres rentar aviones para transportar los diarios que lee el matrimonio cuando descansa en El Calafate, entre decenas de actos de impúdica ostentación con el dinero público? (¿O alguien cree que todo eso sale del cada día más abultado patrimonio personal de la pareja de gobierno?)
Se dicen de izquierda y tienen privilegios de nobles. ¡Pensar que la izquierda revolucionaria nació a causa del hartazgo provocado por las prebendas cortesanas! Valga recordar algunos pasajes de Rebelión en la Granja, la sencilla y a la vez genial novela de George Orwell, en la cual, parodiando a la Revolución Rusa y su evolución hacia el estalinismo en forma de fábula satírica, el autor recorre todos los vicios que engendra el poder. Los animales, cansados de ser explotados, deciden rebelarse contra el Sr. Jones —el dueño de la granja, alegoría del zarismo— y expulsarlo para autogobernarse bajo una serie de máximas que aseguraban la igualdad. Lo cierto es que, ya en la primera cosecha, la mejor comida fue destinada a los cerdos que tenían a cargo la administración de la granja. Ante la disconformidad del resto de los animales, Squealer, el cerdo encargado de la propaganda, dio las explicaciones: “Camaradas —gritó—, ¿Ustedes no se imaginarán, espero, que los cerdos hacemos esto a causa de nuestro egoísmo o por privilegio? A muchos de nosotros, no nos gusta ni la leche ni las manzanas. Lo hacemos por nuestra salud. La leche y las manzanas (esto ha sido probado por la Ciencia, camaradas) contienen sustancias necesarias para el bienestar de los cerdos. Los cerdos trabajamos con el cerebro. Toda la planificación y la organización de esta granja depende de nosotros. Día y noche, cuidamos de su bienestar. Es por su causa que bebemos leche y comemos esas manzanas. ¿Saben lo que pasaría si dejáramos de hacer nuestra tarea? ¡Si, Jones volvería, lo que ninguno de ustedes quiere, camaradas!”.
Cualquier parecido con Argentina no es mera coincidencia. Ya terminó el chivo expiatorio de los 90’. El pasado jueves se cumplieron diez años desde que Carlos Menem finalizó su mandato. ¿Cuándo dejará de ser el culpable de todos los males? Hay que decir de una buena vez donde está específica y concretamente la relación causal entre ese “infame” período y los diversos problemas que padecemos hoy, en diciembre de 2009, diez años después. No alcanzan los clichés. La prueba de esa causación exige una explicación concatenada de sucesos. Lo demás son las nubes de humo exculpatorias de los que han gobernado seis años y medio de los diez que nos distancian de los noventa; quienes, por otra parte, aun si fueran ciertos sus dichos sobre aquel entonces, igualmente han de hacerse cargo de no poderlo revertir ya que se los eligió para que gobiernen y provean soluciones, más no para que den lecciones de su versión de la historia.
Por último, también se les agotó aquello de “yo represento el pueblo, mis adversarios son enemigos del pueblo”. El pueblo está en las urnas y dos tercios de los argentinos —o más— les votaron en contra. ¿Cuál es, pues, ese “pueblo” —con notas de unanimidad— que está presente en las invocaciones legitimantes del oficialismo? De allí la advertencia de Elisa Carrió acerca de que todos los déspotas a la larga terminan sometiendo, no ya a sus adversarios, sino al pueblo entero, tenido por necio y empeñado en desconocer las virtudes del régimen..
12.12.09
Puntos de vista
Proteccionismo xenófobo
CRISTIAN SALVI
El Eco de Tandil | 05.12.09
Los comerciantes en protesta, en vez de mejorar su competitividad -por ejemplo, asociándose- reaccionan con el clásico proteccionismo siempre proclive a presionar a gobiernos para asegurar mercados cautivos.
Ese discurso conservador, un “vivir con lo nuestro” que resiste la inevitable diversificación económica de Tandil, en el presente conflicto adquiere lisos ribetes xenófobos. ¿Qué importa que los supermercadistas foráneos sean chinos? ¿Por qué se los llama “los chinos”, más que usando un mero gentilicio, como si fueran una especie distinta a la nuestra? Si fueran alemanes o franceses, ¿se enfatizaría igual su nacionalidad?
No hay argentino que no sea descendiente de extranjeros. Ni uno solo. Y si nuestros padres y abuelos vinieron a poblar lo que era un desierto, fue gracias al cosmopolitismo de la Constitución: “Los extranjeros gozan en el territorio de la Nación de todos los derechos civiles del ciudadano; pueden ejercer su industria, comercio y profesión…”. Demás está decir el destino que tendrá toda medida cercenadora a ese derecho constitucional, como la sugerida por los quejosos.
29.11.09
Democracia joven
Castells y el "pueblo" CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 29 de noviembre de 2009
La semana que pasó dio muestras que lo de la crispación social lejos está de ser un mero invento mediático, como dice el Gobierno. Los movimientos que protagonizan los reclamos callejeros son, ciertamente, una de las causas de la crispación, pero también su efecto: es el tiempo en que Raúl Castells y sus tantos símiles vuelven a tener protagonismo por un efecto dominó.
Contra la vieja postura de no criminalizar la protesta, el Gobierno ordenó a la policía intervenir y hasta formuló una denuncia penal por coacciones agravadas contra el dirigente piquetero Juan Carlos Alderete, de la Corrientes Clasista y Combativa (CCC), quien advirtió de un masivo corte de calles en distintas ciudades para la semana entrante. De todas formas, les resultará difícil justificar su cambio de posición porque no se avizora novedad alguna respecto a la metodología de protesta de los últimos siete años, salvo, claro, que ahora se dirigen directamente contra los Kirchner, pidiéndoles incluso la renuncia, como hizo Raúl Castells.
El aludido efecto dominó no tiene origen en el aumento del desempleo, la pobreza o cualquier otro índice económico negativo, sino que nace del hecho político de que los Kirchner perdieron las elecciones. Esa pérdida de legitimidad -que nunca es tal porque el mandato de Cristina termina en 2011- anima a los llamados movimientos “sociales” a aumentar sus reclamos bajo amenaza de protesta, entendiendo que no existe una base ciudadana que los objete porque la desaprobación a los Kirchner reúne a alrededor del ochenta por cierto de los votantes, según algunas encuestas no del todo validadas.
Quien se posicione en un férreo antikirchnerismo puede que, aun reconociendo la irrazonabilidad de esos métodos de protesta, sienta alegría convencido de que al fin es un escarmiento para un Gobierno que todavía hoy avala y financia a grupos de similares características a los que denuncia como “desestabilizadores”. Algo parecido sucede con el embate de los Kirchner contra la prensa: algunos por lo bajo celebran que los medios que callaron la corrupción oficial y los atropellos del kirchnerismo contra sus adversarios de turno, hoy padezcan esos mismos abusos, pues deberían aprender la lección de que a la larga esas prácticas de poder, silenciadas cuando afectaban a otros, se les vendrían en contra.
La consideración de su verdadera naturaleza es esencial para demarcar sus límites. Buscar acceder a los estamentos gubernamentales, es un fin legítimo, sin duda alguna. Lo ilegítimo es el medio, porque a tres meses de las elecciones, quien se presentó y sacó ínfimos porcentajes, sin lograr la finalidad que motivó su postulación, no puede llamar a elecciones nuevamente y pedir la renuncia a gobiernos en curso.
Acá viene el nudo de la cuestión. Castells y casi todos los partidos de izquierda que deslegitiman discursivamente a la democracia, sin embargo, se presentan a elecciones y porque perdieron se inclinan por vías oblicuas. Esa incoherencia, por ejemplo, no se le puede endilgar a Quebracho, una organización directamente encaminada a destruir el actual sistema democrático, pero en el cual sus miembros no participan presentándose a elecciones que luego deslegitimarán si resultan vencidos.
Ciertamente que el sistema democrático no le garantiza las mismas posibilidades a Vilma Ripoll y a Luis Zamora que a De Narváez y a los Kirchner, quienes, el primero con patrimonio propio y los segundos con el dinero público y las “donaciones” en valijas, pueden solventar una estructura que inevitablemente se traducirá en un mayor caudal de votos. Es cierto también que no siempre la cantidad de votos es proporcional a la valía de los candidatos, justamente porque las costosas estructuras usan el marketing y la publicidad política para “vender” imágenes no siempre reales. Pero ese defecto no nos es propio, sino que, por el contrario, resulta todavía más pronunciado en la democracia norteamericana, considerada por muchos como el máximo de los ideales.
22.11.09
Democracia joven
La polémica del "matrimonio gay" CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 22 de noviembre de 2009 Días a atrás, una jueza en lo Contencioso-Administrativo de la ciudad de Buenos Aires hizo lugar a un amparo presentado por una pareja homosexual y declaró inconstitucional las normas del Código Civil que prevén la diversidad de sexos para contraer matrimonio. Mauricio Macri, en representación de la ciudad de Buenos Aires, bajo diversas razones ensayadas dijo que no apelaría la decisión, de forma que el fallo quedará firme en beneficio de los dos amparistas, que ya sacaron turno en el Registro Civil para contraer matrimonio en el mes de diciembre. El fallo se da en el contexto de un proyecto de ley en Diputados, finalmente no tratado por falta del quórum del oficialismo y otros grupos, entre los que llamativamente se encontraba el macrismo. La agenda mediática de las últimas semanas estuvo ocupada por las protestas callejeras y los hechos de inseguridad. De allí que el tema referente a la unión de parejas del mismo sexo no haya tenido la cobertura que, por ejemplo, sí se le dio a la discusión del divorcio a mediados de los 80’, aun cuando, de tener curso el matrimonio homosexual, la mutación al modelo de familia sería más pronunciada que la de aquel entonces. René Descartes, al escribir las Meditaciones Metafísicas, texto fundacional de la modernidad filosófica, comenzó señalando que desde hacía tiempo había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, razón por la cual —dijo— “me he visto forzado tratar formalmente, una vez en la vida, de deshacerme de todas las opiniones que antes admitiera, y comenzar desde los fundamentos todo otra vez”. Tratando de emular esa postura desprendida de preconceptos, procuraremos, de forma sintética, desanudar la controversia que, al fin, dependerá de qué entendemos por “matrimonio civil”.
(código)
Los opositores al “matrimonio homosexual” —entre los que están la mayoría de los juristas dedicados al derecho de familia— fundan su objeción en que, para que haya matrimonio, este debe contener, entre otros caracteres, la diversidad de sexos, o sea, debe ser entre un hombre y una mujer. La cuestión, sin embargo, radica en qué se basan para sustentar esa caracterización. Descontando que ello no puede surgir del derecho escrito —porque lo que está en discusión es si reformar o no la ley—, resulta que esa definición tiene dos orígenes. El primero y más fundamental es la idea bíblica del matrimonio que, desde el Génesis hasta los Evangelios, se presenta como institución fundada por Dios entre cuyas notas están la diversidad de sexos y la indisolubilidad.
A su vez, la otra dimensión desde la cual se funda la oposición es un derivado de ésta, porque la influencia judeocristiana en la civilización occidental ha sido —y es— tal que aquella concepción del matrimonio se arraigó en la cultura a punto que todas las legislaciones, en más o en menos, siguieron ese modelo para reglamentar la unión matrimonial.
Ahora bien, la propia idea de “cultura” ya da cuenta de su volubilidad. Por eso, se procura emparentar lo “cultural” con lo “natural”, cuya conclusión es, si la unión homosexual es antinatural, pues bien, el derecho —reglamentario de la cultura— no puede adoptarlo como institución. Este razonamiento no explica muchas cosas. Primero, qué es lo “natural” y la conexión de esto con el comportamiento humano. Pasaba en la discusión del divorcio cuando se aducía que la indisolubilidad era connatural al matrimonio. Sin embargo, la recurrente remisión al orden natural no explicaba siquiera la monogamia, porque, aun cuando ya resulta de por sí objetable considerar el comportamiento animal para establecer pautas humanas, resulta que ninguna especie es monógama y, menos aun, tiene una sola pareja en su curso de vida. De lo cual, hay un efecto búmeran: de responder a ese orden, el instituto del matrimonio directamente no debería existir. Por otra parte, suele apuntarse que los homosexuales no pueden reproducirse, pero ese razonamiento vedaría el matrimonio a las personas estériles, así que no es concluyente.
Desde el citado razonamiento de Descartes, apartándonos de toda idea previa, tenemos que no hay nada que defina de antemano qué es el matrimonio “civil”. La prueba más acabada es que a lo largo del tiempo se lo ha regulado de diversas formas, que van desde la monogamia indisoluble —como tuvo Argentina hasta 1987 en un tipología análoga a la legislada por el Código Canónico— hasta la poliandria (matrimonio entre una mujer y varios hombres) y la poligamia (un hombre con varias mujeres).
Decir no existe algo previo que defina al matrimonio “civil” no es necesariamente abrir juicio sobre la inexistencia de un matrimonio “no-civil”, o sea, sobrenatural, en su caso instaurado por Dios. Se trata simplemente de decir que el matrimonio civil, producto de la civilización o cultura, es una forma jurídica más de entre todas las diseñadas por la política legislativa de un determinado país en vista a lo que su sociedad democrática decide.
El realismo filosófico del gran Santo Tomás de Aquino supo distinguir, dentro del mismo pensamiento católico, entre una serie de verdades solo asequibles por la fe de las que, aun siendo partes de aquellas, eran aprehensibles por todos los hombres, tengan fe o no. El matrimonio entre sexos diversos forma parte, en todo caso, de una verdad de fe, pero no es un axioma que todo ser humano ha de compartir como sí lo es, por ejemplo, el quinto mandamiento —también de origen bíblico— que preceptúa “No matar”. Cada estado puede reglar el matrimonio como lo crea conveniente la sociedad que de él forma parte, del mismo modo que se reglamentan las demás instituciones de la vida civil, sin que se confundan esos dos órdenes que hoy, además, ya aparecen bifurcados en tanto una persona casada en segundas nupcias tiene un emplazamiento matrimonial para el orden civil (segundo matrimonio) mientras que para la legislación eclesiástica —y el orden natural que ésta dice albergar— teóricamente sigue vigente la primera de las uniones, indisoluble para esa postura..
8.11.09
Democracia joven
Reforma política y bipartidismo CRISTIAN SALVI El Eco de Tandil, 8 de noviembre de 2009 Uno de los aspectos del proyecto de reforma política del Gobierno que ha sido objeto de crítica es el atinente al aumento de los requisitos para lograr o mantener la personería jurídica de los partidos políticos, que, en lo más importante, exige contar con la afiliación de un número de electores no inferior al cinco por mil del total de los inscriptos en el registro electoral del distrito correspondiente. El objetivo de la norma propuesta es erradicar la fragmentación del escenario político argentino que explotó en 2001. Sus detractores, sin embargo, sostienen que la medida favorecería a los grandes partidos, obstaculizando el nacimiento de nuevas fuerzas alternativas. Los más osados creen que restauraría el bipartidismo que consideran otrora existente y hasta relacionan eso con un hipotético “Pacto de Olivos 2”, o sea, con un acuerdo entre el PJ en manos de Kirchner y el radicalismo, emulando al de Menem y Alfonsín para reformar la Constitución en 1994. La composición parlamentaria española se parece a la vigente en Argentina entre 1983 y 2001, caracterizada por dos grandes sectores más o menos institucionalizados en partidos que absorbían alrededor de dos tercios de la representación, mientras que el resto se repartía entre no más de cinco expresiones minoritarias, algunas de las cuales, además, se emparentaban con las mayoritarias y solo permanecían separadas por razones históricas (como citado caso neuquino, fundado por dirigentes locales cuando el peronismo fue proscripto, siendo por ello una suerte de “peronismo provincial”). El fenómeno surgido de 2001 se aproxima más a la actuación inorgánica que a la renovación de nuevas corrientes en sí y, en rigor de verdad, eso fue una constante histórica aun cuando nunca había desenlazado en una atomización tan pronunciada. Si se analiza en profundidad, durante todo el siglo XX, no todos los “radicales” estuvieron en la UCR, como tampoco los “peronistas” en el PJ. Aun en el actual escenario de fragmentación, la gran mayoría de los actores políticos se sigue reivindicando como parte de alguna de las dos grandes corrientes históricas que terminaron de perfilarse hacia mediados de siglo XX cuando surgió el peronismo. Lo que ha sucedido en esos casos es que los actores emigraron de los partidos que oficialmente contenían a esas corrientes (PJ y UCR) para fundar uno nuevo, tan dependientes de sí que su suerte política es la garantía de supervivencia de las estructuras fundadas. A la postre, cuando esas nuevos partidos perecen, sus integrantes suelen volver a los partidos originarios. Por su parte, los sectores no emparentados con esas dos grandes tradiciones, además de padecer esa misma dependencia de su líder-fundador, para lograr acceder a estamentos gubernamentales debieron incorporar —o incorporarse, como el caso de la UCDé— a sectores pertenecientes a aquellos grupos mayoritarios. En suma, podemos decir que, aun cuando el escenario es harto fragmentado, se mantiene, a nivel dirigencial, una constante dada por la pertenencia a alguna de las dos grandes tradiciones (peronismo y radicalismo) y luego diversos grupos que, en su dimensión “pura”, son minoritarios, pero que, para lograr ganar elecciones, compensan esa circunstancia incorporando porciones de los primeros. La comprobación empírica más clara de todo ello finca en que, de los diez posibles presidenciables para 2011, ocho se identifican con esas corrientes tradicionales (Kirchner, Cristina, Duhalde, Solá, Reutemann y Alberto Rodríguez Saá, por una lado; y Cobos y Carrió, por otro), mientras que solo dos (Macri y Binner) no, pero, aun así, en los gobiernos que hoy ejercen han incorporando a peronistas o radicales. Dos conclusiones Todo lo dicho permite concluir que si el bipartidismo no fue tal —aun cuando sí hubo dos grandes corrientes— mal podría restaurarse. A su vez, tampoco resulta verosímil que la reforma obstaculice el nacimiento de nuevas fuerzas ya que la proporción exigida no resulta descabellada, de forma tal que en rigor la caducidad de personería sólo afectará a partidos realmente insignificantes, no haciendo otra cosa que declarar esa inexistencia material de los “partidos fantasma”.